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Hija mรญa: Aรบn no has llegado al mundo, y ya habitas mis sueรฑos.

Aรบn no conozco el sonido de tu voz, ni el brillo de tus ojos, ni el calor de tus pequeรฑas manos, y, sin embargo, te espero como se espera la aurora despuรฉs de una larga noche.

A veces imagino que corres por el jardรญn, mientras la tarde derrama oro sobre tu cabello; otras, que te quedas dormida en mis brazos, y el universo entero parece caber en el silencio de tu respiraciรณn.

Dicen que los sueรฑos son solo sombras, pero tรบ eres una sombra tan hermosa que ha llenado de luz mi corazรณn.

Y si algรบn dรญa llegas, si el cielo concede a mi vida la gracia de llamarte hija, prometo velar tus noches, proteger tus pasos, secar tus lรกgrimas y celebrar cada una de tus alegrรญas.

Serรฉ refugio cuando sientas miedo, consejo cuando tengas dudas, y silencio cuando necesites escuchar la voz de tu propia alma.

Pero mรกs que nada, te amarรฉ.

Te amarรฉ sin condiciones, sin medidas y sin tiempo, como aman los รกrboles a la tierra, como ama el mar a la luna, como ama un padre a la hija que ha sido el mรกs bello de sus milagros.

Y cuando alguien me pregunte cuรกl fue la mayor bendiciรณn de mi vida, no seรฑalarรฉ riquezas ni triunfos.

Te seรฑalarรฉ a ti.

Porque desde antes de nacer, ya eras el sueรฑo mรกs hermoso que Dios habรญa puesto en mi corazรณn.

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