𝐂𝐀𝐑𝐓𝐀 𝐀 𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐐𝐔𝐄 𝐒𝐎ÑÉ 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐈𝐆𝐎
Hija mía: Quizá nunca leas estas palabras. Quizá aún no hayas comenzado siquiera tu viaje hacia este mundo. Y, sin embargo, esta noche te escribo. Te escribo desde el silencio de mi corazón, desde ese lugar donde nacen los sueños más puros y las esperanzas que el tiempo no logra marchitar. No sé cómo será tu voz cuando pronuncies tus primeras palabras. No sé de qué color serán tus ojos ni qué secretos guardará tu sonrisa. Pero hay algo que sí sé: antes de existir, ya eres amada. Te imagino con la dulzura de tu madre, con esa luz serena que habita en su mirada y que tiene el extraño poder de traer paz a mi alma. Imagino que heredas su bondad, su ternura y la belleza invisible que poseen las personas buenas. Sueño con el día en que pueda tomarte entre mis brazos y sentir que toda mi vida, con sus alegrías y sus heridas, me condujo hasta ese instante. Quiero enseñarte a mirar el cielo y descubrir en las estrellas motivos para seguir adelante. Quiero mostrarte que la bondad vale más que la...